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Preparar la confesión

La confesión general

Qué es, cuándo conviene hacerla y cómo prepararla sin angustia.

Una confesión general es aquella en la que se confiesan los pecados de un periodo largo de la vida (o de toda ella), aunque ya hubieran sido confesados antes. No sustituye a la confesión ordinaria; es algo que se hace en momentos concretos.

Cuándo conviene

  • Cuando es necesaria: si se sospecha que alguna confesión anterior no fue válida, por ejemplo porque se ocultó voluntariamente un pecado grave, o porque faltaba el arrepentimiento. En ese caso hay que confesar de nuevo los pecados desde aquella confesión.
  • Cuando es recomendable: en un momento importante de la vida (antes del matrimonio, de la ordenación, de un cambio de vida, de una enfermedad grave), tras una conversión, o en unos ejercicios espirituales. Ayuda a cerrar una etapa y empezar otra con el corazón limpio.
  • Cuando se vuelve después de muchos años alejado. En realidad esa primera confesión de vuelta ya es, en la práctica, una confesión general.

Cuándo no conviene

Si eres propenso a la angustia o los escrúpulos, repetir una y otra vez confesiones generales por miedo a que las anteriores «no valieran» hace daño. Si tu confesor te ha dicho que estás bien confesado, fíate de él. Lo que Dios ha perdonado está perdonado.

Cómo prepararla

  1. Avisa al sacerdote antes de empezar: «Padre, quería hacer una confesión general». Así podrá dedicarte el tiempo necesario. Si es posible, pide cita en lugar de ir en el horario ordinario de confesiones, donde puede haber cola.
  2. Haz el examen por etapas de tu vida: infancia y adolescencia, juventud, matrimonio o vida adulta, trabajo, etc. Un examen de conciencia por mandamientos te servirá de guía en cada etapa.
  3. Escribe una lista si te ayuda. Puedes llevarla al confesionario y leerla; después, rómpela.
  4. No te pierdas en los detalles. Lo importante son los pecados graves, con el número aproximado. De los veniales basta lo que recuerdes.
  5. Ve con paz. Una confesión general no es un juicio; es una limpieza a fondo que termina con la absolución. Piensa más en la misericordia que te espera que en la lista que llevas.

Y después

Suele ser una experiencia de gran alivio. Es buen momento para decidir con qué frecuencia vas a confesarte a partir de ahora y, si no lo tienes, para buscar un confesor habitual que te conozca y te ayude a avanzar.

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